19 Agosto de 2021

Música para leer, Vol. 1

Equipo Mageia Ibarzabal Por Equipo Mageia

Te invitamos a releer algunos fragmentos de las grandes obras literarias (en la entrada de hoy, Caminar de Henry David Thoreau) acompañados por una selección musical exactamente cronometrada para que coincida con tu lectura y te sugiera nuevos recorridos imaginarios.

 

 

1. Las canciones 

– Bon Iver (2007), For Emma

For Emma es parte del primer álbum de la banda Bon Iver fundada en 2006 por el cantautor Justin Vernon. Según cuenta la leyenda, Vernon pasó varios meses en una cabaña en medio de la naturaleza, acompañado solo de sus guitarras y un pequeño estudio casero, para componer algunas de sus canciones más íntimas y acogedoras. La soledad y el valor del silencio son algunos de los temas que aparecen en su obra.

 

– Amber Arcades (2018), Self-Portrait In A Car At Night

Amber Arcades, alterego musical de la cantante holandesa Annelotte De Graaf, propone sonidos orgánicos y etéreos. En la canción Self-Portrait In A Car At Night, pieza central de su disco European Heartbreak (2018), reduce al mínimo la instrumentación logrando salir de su propio inconsciente para mostrar un mundo interior universal e infinito.

 

– Bill Ryder Jones (2019), Don’t be scared I love you

El ex guitarrista de The Coral editó en 2019 una versión introspectiva y acústica de su disco Yawn (2018). Acompañado de un piano y su voz susurrante, la canción revela el costado frágil de una obra cargada de melancolía y belleza invernal.

 

 

2. El texto

 

Henry David Thoreau, Caminar

 

“Quiero decir unas palabras en favor de la Naturaleza, de la libertad total y el estado salvaje, en contraposición a una libertad y una cultura simplemente civiles; considerar al hombre como habitante o parte constitutiva de la Naturaleza, más que como miembro de la sociedad. Desearía hacer una declaración radical, si se me permite el énfasis, porque ya hay suficientes campeones de la civilización; el clérigo, el consejo escolar y cada uno de ustedes se encargarán de defenderla.

 

En el curso de mi vida me he encontrado sólo con una o dos personas que comprendiesen el arte de Caminar, esto es, de andar a pie; que tuvieran el don, por expresarlo así, de sauntering [1] [deambular]: término de hermosa etimología, que proviene de «persona ociosa que vagaba en la Edad Media por el campo y pedía limosna so pretexto de encaminarse a Tierra Santa» (…) de ahí, saunterer, peregrino. Quienes en su caminar nunca se dirigen a Tierra Santa, como aparentan, serán, en efecto, meros holgazanes, simples vagos; pero los que se encaminan allá son saunterers en el buen sentido del término, el que yo le doy. Hay, sin embargo, quienes suponen que la palabra procede de sans terre (sin tierra u hogar), lo que, en una interpretación positiva, querría decir que no tiene un hogar concreto, pero se siente en casa en todas partes por igual. Porque este es el secreto de un deambular logrado. Quien nunca se mueve de casa puede ser el mayor de los perezosos; pero el saunterer, en el recto sentido, no lo es más que el río serpenteante que busca con diligencia y sin descanso el camino más directo al mar. Sin embargo, yo prefiero la primera etimología, que en realidad es la más probable. Porque cada caminata es una especie de cruzada, que algún Pedro el Ermitaño predica en nuestro interior para que nos pongamos en marcha (…).

 

La verdad es que hoy en día no somos, incluidos los caminantes, sino cruzados de corazón débil que acometen sin perseverancia empresas inacabables. Nuestras expediciones consisten sólo en dar una vuelta, y al atardecer volvemos otra vez al lugar familiar del que salimos, donde tenemos el corazón. La mitad del camino no es otra cosa que desandar lo andado. Tal vez tuviéramos que prolongar el más breve de los paseos, con imperecedero espíritu de aventura, para no volver nunca, dispuestos a que sólo regresasen a nuestros afligidos reinos, como reliquias, nuestros corazones embalsamados. Si te sientes dispuesto a abandonar padre y madre, hermano y hermana, esposa, hijo y amigos, y a no volver a verlos nunca; si has pagado tus deudas, hecho testamento, puesto en orden todos tus asuntos y eres un hombre libre; si es así, estás listo para una caminata.

 

Para ceñirme a mi propia experiencia, mi compañero y yo —porque a veces llevo un compañero—, disfrutamos imaginándonos miembros de una orden nueva, o mejor, antigua: no somos Caballeros, ni jinetes de cualquier tipo, sino Caminantes, una categoría, espero, aún más antigua y honorable. El espíritu caballeresco y heroico que en su día correspondió al jinete parece residir ahora —o quizá haber descendido sobre él— en el Caminante; no el Caballero, sino el Caminante Andante. Un a modo de cuarto estado, independiente de la Iglesia, la Nobleza y el Pueblo.

 

Hemos notado que, por la zona, somos casi los únicos en practicar este noble arte; aunque, a decir verdad, a la mayoría de mis vecinos, al menos si se da crédito a sus afirmaciones, les gustaría mucho pasear de vez en cuando como yo, pero no pueden. Ninguna riqueza es capaz de comprar el necesario tiempo libre, la libertad y la independencia que constituyen el capital en esta profesión. (…) Llegar a ser caminante requiere un designio directo del Cielo. (…) Cierto es que algunos de mis conciudadanos pueden recordar, y me las han descrito, ciertas caminatas que dieron diez años atrás y en las que fueron bendecidos hasta el punto de perderse en los bosques durante media hora; pero sé muy bien que, por más pretensiones que alberguen de pertenecer a esta categoría selecta, desde entonces se han limitado a ir por la carretera. Sin duda durante un momento se sintieron exaltados por la reminiscencia de un estado de existencia previo, en el que incluso ellos fueron habitantes de los bosques y proscritos.

 

Al llegar al verde bosque,

Una alegre mañana,

Oyó el canto de las aves,

Sus notitas felices.

 

Hace mucho, dijo Robin,

La última vez que aquí estuve,

Aceché para tirar

Contra el oscuro ciervo.

 

Creo que no podría mantener la salud ni el ánimo sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más, a deambular por bosques, colinas y praderas, libre por completo de toda atadura mundana. Podéis decirme, sin riesgo: «Te doy un penique por lo que estás pensando»; o un millar de libras. Cuando recuerdo a veces que los artesanos y los comerciantes se quedan en sus establecimientos no sólo la mañana entera, sino también toda la tarde, sin moverse, tantos de ellos, con las piernas cruzadas, como si las piernas se hubieran hecho para sentarse y no para estar de pie o caminar, pienso que son dignos de admiración por no haberse suicidado hace mucho tiempo”.

 

 

*1. Sauntering se traduce por «pasear», «deambular» o «andorrear» y Saunterer, por «paseante». Thoreau los relaciona etimológicamente con Sainte Terre (Tierra Santa) —atribuyéndoles un parentesco con «peregrinar» y «peregrino»— y luego con sans terre (sin tierra). Como los equivalentes castellanos no guardan relación fonética, ni por supuesto etimológica, con las expresiones francesas, una traducción directa al español carecería de sentido. Por ello he conservado en el texto los términos ingleses. (N. del T.).

 

 

3. La lista de reproducción

 

 

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