29 Noviembre de 2021

Entre la música clásica y el rock

Equipo Mageia Ibarzabal Por Equipo Mageia

Dicen que para romper las reglas, primero hay que conocerlas. En este recorrido sonoro celebramos los cruces y las influencias que la música clásica de antaño tuvo con la banda de sonido nuestra era.

 

 

Concierto de Brandenburgo Nro. 2 en Fa Mayor (Johann Sebastián Bach, 1721).

Una noche de 1966 Paul McCartney encendió su radio. El servicio de la BBC transmitía un concierto de la Filarmónica de Londres en el que interpretaban una pieza escrita por Bach en 1721. El acontecimiento se convirtió en un catalizador determinante para que McCartney compusiera una de las canciones más reconocidas de los cuatro de Liverpool: Penny Lane.

 

En la pieza de Bach, se escuchan seis momentos modélicos con el rango más alto de instrumentos de la época: una trompeta píccola. Siguiendo este ejemplo, el productor de los Beatles, George Martin, convocó a David Mason para ejecutar el audaz arreglo de vientos tan característico de este hitazo de la década del sesenta.

 

¿Qué hubiese pasado si esa noche de 1966 Paul hubiese apagado la radio unos minutos antes?

 

 

 

Sonata para piano Nro. 8 en Do Menor (Ludwig van Beethoven, 1799)

 

¿Qué pueden tener en común un chico nacido en el Bronx neoyorkino a fines de los años cuarenta con Ludwig Van Beethoven? La respuesta es simple: un estribillo.

 

El multipremiado músico norteamericano, Billy Joel, escribió a principios de la década del ochenta una canción que además de ser un éxito mundial, tenía una particularidad muy especial: en los créditos de composición decía “Billy Joel / Ludwing van Beethoven”.

 

Cuentan que para escribir el estribillo de la canción This Night, Joel copió los acordes del segundo movimiento de la sonata Pathétique que Ludwig Van compuso en 1799.

 

Como diría T.S Elliot: “Los buenos artistas copian, los grandes roban”.

 

 

 

El lago de los cisnes (Pyotr Ilyich Tchaikovsky, 1875)

 

El Ska es es un estilo de música originado a finales de la década de 1950 y popularizado durante la primera mitad de los años 1960, que deriva principalmente de la fusión de música afroamericana con ritmos oriundos del caribe. Es primo cercano del Reggae y el Calipso y hacia fines de los setentas fue la música de moda en Inglaterra. La banda Madness (entre otras), encontró en este estilo una fuente de inspiración.

 

Ahora: ¿Cómo llegamos a unir el Ska con un ballet escrito a fin del siglo XIX para el teatro Bollshói? Con una palabra: madness (en castellano, “locura”).

 

La banda de Ska inglesa Madness, editó su primer disco en 1979. ¿Qué canción había en el lado B de esta placa? Una versión de El lago de los cisnes del gran compositor soviético Pyotr Tchaikovsky. Un baile imperdible que dio como resultado un puente sonoro entre dos siglos y un cruce de estilos completamente inesperado.

 

 

 

Canon en Re mayor (Johann Pachelbel, 1680)

 

En la teoría musical existe una secuencia de acordes que fue compuesta en 1680 pero que suena tan actual y universal como cualquier hit de los últimos años. Esa progresión de notas puede no llamar tanto la atención a los amantes de la música clásica como alguna de las afamadas composiciones de Mozart o las piezas para piano de Brahms pero fue la piedra fundacional de la armonía de un sinfín de éxitos que van desde U2, pasando por Green Day y llegando hasta Aerosmith o Taylor Swift.

 

Compuesta originalmente para que fuera interpretada por tres violines y un contrabajo esta pieza quedó en el olvido y fue recién en 1940 que fue rescatada por A. Fiedler quien la grabó por primera vez. De ahí en adelante la historia de la música no fue la misma.

 

Se estima que no menos de veinte canciones que fueron número uno entre 1960 y el año 2000 utilizan la totalidad o parte de esta secuencia de acordes como parte de la composición. Todo un éxito para una pieza sonora ¡que pasó casi 3 siglos en silencio!

 

 

 

Sinfonía Nro. 9 en Re menor (Ludwig van Beethoven, 1823)

 

En el corazón de los amantes del punk porteño existe una banda que es la madre de todas las criaturas: Los Violadores. Estos cuatro músicos volvieron tan argentino como el dulce de leche a un estilo de música angloparlante caracterizado por su crudeza, velocidad y una actitud completamente anti establishment.

 

Es por esto que fue para sorpresa de muchos cuando en 1990 invitaron al tenor Darío Saidman a cantar una versión de la Oda a la alegría (como es popularmente conocida la novena sinfonía de Beethoven).

 

El resultado de este verdadero choque de culturas quedó registrado en el disco En vivo y ruidoso! que para muchos de los seguidores de esta banda, es el mejor registro que existe de ellos tocando en su estado natural. Punk, violencia y ¡un tenor arriba del escenario esquivando botellazos!

Telón. Aplausos, y ¡los esperamos en comentarios!

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