22 Agosto de 2021

Los consejos de Aurora

Equipo Mageia Ibarzabal Por Equipo Mageia

Había una vez…

 

—No la esperemos más, seguro que esa vaga está durmiendo —le dijo Cenicienta a sus amigas que habían ido a conocer el nuevo palacio de Bella e iban a organizar qué se pondría cada una para la fiesta en el castillo del príncipe.

 

Estaban también Blancanieves, tan bella como siempre con su piel blanca como la nieve, sus mejillas rojas como la sangre y su pelo negro como el ébano, y Gretel, que había llegado a tiempo solo porque se había encontrado en el camino con Caperucita Roja, porque, como siempre, estaba perdida en el bosque. Pero Aurora no aparecía y Cenicienta se enojaba porque tenía ganas de comer una porción de torta de chocola. Tanto trabajo la hacía tener hambre todo el día.

 

—Ya va a llegar, paciencia —dijo la anfitriona, que también miraba de reojo los manjares de la mesa pero no se quejaba de la impuntualidad de su amiga.

 

—¡Es que no es justo! Ella está durmiendo todo el día o cantando con los pajaritos en el bosque y yo estoy fregando desde las cinco de la mañana, con el trapo de piso, la escoba, la lavandina… Tengo las manos arruinadas ¡y ni tiempo me queda  para ir a arreglarme las uñas antes de la fiesta! No sé, discúlpenme, pero no me cae bien. No la conozco mucho y tampoco tengo muchas ganas de hacerme amiga. Solamente me la aguanto porque es amiga de ustedes…

 

Con un golpe en la puerta entró Aurora, que a duras penas pudo saludar.

 

—Ho… la… Per… dón por la demora… es que…

 

—Tranquila, respirá, tranquila —le dijo Caperucita Roja acariciándole el hombro—. Decime que no te encontraste en el camino con el lobo. Yo lo vi de lejos, me hice la tonta y tomé el camino más largo.

 

—No, no, no fue eso. Estaba por el pueblo y frené en la verdulería porque vi unas peras que eran tan tentadoras… Pero resulta que me pareció que estaba tu madrasta, Blancanieves. Sí, era ella, pero estaba disfrazada, bah, tenía una capa negra y se tapaba la cara, pero yo la reconocí por la voz. Cuestión, que estaba hablando con la madrastra de Cenicienta y le dijo que ella iba a llevar una manzana para ponerle veneno y ofrecértela a vos, Blancanieves, así el espejito mágico le decía que ella era la más bella del reino.

 

Tomó aire, porque había dicho todas esas palabras de un tirón. Las amigas la miraban con caras de consternación. Blancanieves se tapaba los ojos, Bella los oídos y Caperucita Roja la boca, que del asombro se le había abierto tanto como la del lobo feroz cuando le mostró qué dientes tan grandes tenía. Aurora siguió:

 

—Blancanieves: ni se te cruce por la cabeza comer una manzana, nunca nunca en tu vida, por más tentadora que sea. ¡Ah! Y vos, Gretel, escuchá bien: cuando estaba por llegar acá me encontré con Hansel, que me dijo que no había encontrado piedritas por si los llegaban a llevar otra vez al bosque para perderlos. ¡Sigan buscando hasta encontrarlas! O piensen en alguna otra cosa que puedan usar como pistas, ¡pero ni se les ocurra tirar miguitas de pan porque es obvio que se las van a comer los pajaritos!

 

Ahora sí, Aurora pudo respirar más tranquila y tomar una taza de un dulce té de flora, fauna y primavera. Y después de escuchar estos consejos, Cenicienta pensó que, a fin de cuentas, Aurora tenía un buen corazón, por más holgazana que fuera.

 

Fin.

 

¿Conocés los cuentos de Blancanieves y de Hansel y Gretel? ¿Cómo pensás que hubieran sido cada una de las historias si los personajes hubieran seguido los consejos de Aurora?

 

 

 

Crédito: Ángeles Obarrio

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