16 Noviembre de 2021

Una isla desierta en un mar lechoso

Equipo Mageia Ibarzabal Por Equipo Mageia

Es inevitable. 

 

Leo Ensayo sobre la ceguera y se instala en mi mente la imagen de una isla desierta, unos niños, algunos con las caras pintadas y palos afilados, y la cabeza de un cerdo o jabalí clavada en la tierra. “Kill the pig, cut his throat, spill his blood”. 

 

El señor de las moscas lo escribió William Golding, inglés de familia instruida, su padre profesor de ciencias, él universitario de Oxford. Ensayo sobre la ceguera es de José Saramago, portugués, de familia campesina, humilde, analfabeta aunque no por eso menos sabia (al recibir el Premio Nobel en 1998, el escritor portugués dijo que el hombre más sabio que había conocido en toda su vida no sabía ni leer ni escribir, y se refería a su abuelo, ese que le contaba historias bajo la higuera y las estrellas). 

 

¿Entonces por qué hago esa asociación? ¿Será porque los dos ganaron el Premio Nobel de Literatura y estas están entre sus novelas más reconocidas?

 

Yo creo que no es eso; al menos no solo eso. 

 

Es porque los dos nos muestran al hombre cuando está librado a su suerte. 

 

El libro de Golding nos enfrenta al conflicto entre impulsos inherentes al ser humano: vivir bajo las normas y actuar de forma pacífica vs. actuar con violencia para imponer la voluntad propia, la razón vs. el impulso, la civilización vs. el salvajismo. 

 

“La responsabilidad de tener ojos cuando otros los han perdido”, dice la esposa del médico en el libro de Saramago, quizás asumiendo, como el niño Ralph, el resto de civilización que queda en aquellas circunstancias adversas. 

 

Por su parte, en el discurso del Nobel, Saramago también dijo: “El aprendiz pensó ´estamos ciegos´, y se sentó a escribir el Ensayo sobre la ceguera para recordar a quien lo leyera que usamos perversamente la razón cuando humillamos la vida, que la dignidad del ser humano es insultada todos los días por los poderosos de nuestro mundo, que la mentira universal ocupa el lugar de las verdades plurales, que el hombre dejó de respetarse a sí mismo cuando perdió el respeto que debía a su semejante”. 

 

Y esto nuestros ojos, que no están inmersos un mar de leche, lo ven a medida que avanzan las páginas del libro y se encuentran con frases como “De esa masa estamos hechos, mitad indiferencia y mitad ruindad”, que el mal “siempre ha sido lo más fácil de hacer”, “pero a la mierda el reglamento, nadie nos ve”…

 

¿Qué haríamos nosotros si nadie nos viese?

 

William Golding es uno de los tantos angloparlantes ganadores del Premio Nobel de Literatura, pero solo hay un escritor de habla portuguesa que lo ha recibido y ese es José Saramago, que nació, hoy, hace noventa y nueve años.

 

 

Crédito: Aki Obarrio

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